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martes, 4 de diciembre de 2007

Ordenador de a bordo

En una entrada anterior vimos otros posibles usos de un ordenador pervasivo (ligero, de bajo consumo y bajo coste). Una idea que exploramos fue la del ordenador de a bordo: un sustituto de la radio convencional (y que puede ir en el mismo hueco) que, además, nos permita ampliar sus funciones. Como por ejemplo un GPS que nos indique la ruta, control vía Bluetooth (o táctil) o reproducir música de un reproductor portátil. Y todo lo que esperamos de un ordenador pervasivo, incluyendo sincronización de nuestros datos personales.

Pues bien, vía Linux Devices encontramos información sobre el CarPC 102: un ordenador que corre Linux (Red Flag), con GPS integrado y bastante pequeño. Tiene una pantalla TFT táctil, que puede usarse para ver películas. Sin embargo, el formato es mosqueante: no parece que quepa en el hueco de una radio. Y además el consumo no es precisamente moderado: su Celeron a 1.1 GHz gasta "menos de 45 W", lo que no es muy tranquilizador.

En la página del fabricante encontramos más información sobre este cacharro. Parece que, efectivamente, está más bien pensado para montarlo en el coche, posiblemente en un asiento. No podemos ponerle pegas a la conectividad: con GPRS, Bluetooth, USB, y el GPS parece que va servido. Sin embargo, su utilidad es limitada y no parece justificar añadir un artefacto más al coche. El precio no aparece publicado.

Buscando un poco más encontramos el TSD102: éste sí cabe en el hueco de la radio, aunque no tiene GPS. Sin embargo, su consumo de 10 W parece más asequible a un coche normal. Puede incluso correr Windows XP según la empresa, DingCheng Ltd.

Y siempre tendremos el Voom car PC (de nuevo vía Linux Devices): por $400 nos prometen un sistema barebones que, éste sí, cabe perfectamente en el hueco de la radio del coche. Y se integra con la ignición y el sistema de sonido. En su segunda iteración, con unidad de CD.

No parece que haga falta mucho para que veamos una explosión de aparatos similares.

martes, 27 de noviembre de 2007

Software pervasivo

En nuestra anterior entrada estuvimos viendo posibles extensiones de la informática pervasiva: dentro del coche, sobre la impresora, o directamente en el reproductor de música. Pero está claro que todos nuestros dispositivos tendrán que comunicarse entre sí, si queremos que sean realmente útiles. Estoy escuchando un disco determinado en mi ordenador de sobremesa, y tengo que irme: pues directamente lo copio al móvil (o incluso se copia solo) y me lo llevo al coche. Estoy de vacaciones y quiero usar en el portátil mi programa de edición de imágenes favorito: me bajo la misma configuración que tengo en casa y ya lo tengo automáticamente ajustado a mis preferencias. (Quien haya tenido que configurar varias veces el Gimp, o cualquier otro programa de fotoedición, sabrá lo coñazo que puede llegar a ser tener un entorno productivo.) Voy pasando mi último artículo de un dispositivo a otro hasta que lo publico. Y ¿cómo si no voy a hacer copia de seguridad de todos mis archivos distribuidos en 20 aparatos?

Aquí es donde el software se vuelve imprescindible. ¿Cómo podemos sincronizar todos nuestros cacharros, para no estar configurando los mismos programas 15 veces o haciendo interminables copias de los mismos archivos de música? Las soluciones básicas son las mismas que para las aplicaciones web en general.

El servidor centralizado. Contratamos los servicios de un proveedor centralizado, como Yahoo! o Google, y dejamos que gestione nuestros datos. Desde cualquier punto podemos subir y bajar archivos, con lo que es un juego de niños tenerlo todo sincronizado.

Hay incluso empresas que venden ordenadores pervasivos con almacenamiento online, por el que cobran cantidades razonables. Un buen ejemplo es el Zonbu: por $15 al mes tienes almacenamiento prácticamente ilimitado (50 GB), con un pago inicial de $99. ¡Y la oferta incluye un ordenador pervasivo! (Otra forma de conseguir este ordenador es mediante un pago único de $250, sin almacenamiento online.) Es una oferta interesante, y sin duda este tipo de tratos tiene bastantes posibilidades.

El servidor casero. En este caso lo que hacemos es guardar todos nuestros datos en un servidor propio, probablemente uno pervasivo como el NSLU2 (Slug para los amigos) de Linksys. Con una conexión a internet tendremos acceso a nuestros archivos desde cualquier parte.

El software está ahí fuera, o al menos las piezas básicas de infraestructura: un servidor OpenSSH nos permite acceso seguro, una conexión con VNC acceso gráfico, y hay una plétora de servidores para transferir datos (NFS, FTP, Samba). El software cliente, sin embargo, no está tan avanzado: tenemos que hacer la gestión básicamente nosotros, elegir qué movemos de un sitio a otro e incluso cuándo.

Comunicación entre iguales. Es el peer-to-peer de toda la vida (desde que hay internet): los aparatos hablan entre sí y se sincronizan. El software más usado hoy día sigue más o menos esta forma: es así como sincronizamos nuestras Palm, nuestros iPods e incluso nuestro correo electrónico con la Blackberry. Es aquí donde el software libre está más en mantillas, y donde el software comercial sigue llevando la delantera. Hay programas razonablemente sofisticados para sincronizar contactos y mensajes con los dispositivos. Sin embargo, es una forma muy imperfecta. No sólo el software comercial nos limita a interactuar de formas predefinidas (como iTunes con la música); además las conexiones no son realmente peer-to-peer, sino más bien maestro-esclavo.

¿Por qué no puedo transmitir canciones de un iPod a otro? Los móviles con Bluetooth permiten una transferencia limitada, básicamente porque faltan la seguridad y gestión semi-inteligente. Sin embargo sería ideal para la sincronización automática entre dispositivos cualesquiera. Puede que realmente sólo necesitemos añadir algunas piezas más de infraestructura, como reconocimiento automático entre dispositivos y facilidades para la transmisión de archivos. Pero la comunidad del software libre se distingue, sobre todo, por saber encontrar soluciones elegantes a los problemas de todos los días. Una mayor integración entre distintos dispositivos (y no sólo la clásica cliente-servidor) sería muy de agradecer, sobre todo si elimina las interminables fricciones entre plataformas.

Es hora de que empecemos a tomar en serio el mercado pervasivo en todas sus formas, y de que el software libre vuelva a tomar la delantera. GNOME ya ha dado los primeros pasos, y hay otros ejemplos (como por ejemplo Qtopia de Trolltech). Sólo así será una opción atractiva, además de robusta, para todas nuestras necesidades.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Regalos navideños pervasivos

Se acerca la Navidad, y este año viene cargada de regalos que caen dentro de la informática que nos invade. Estos aparatos corren Linux, y empiezan a desbordarse en categorías tradicionalmente reservadas a la electrónica de consumo (como un radio-reloj despertador) o incluso sin ninguna electrónica (como los marcos de fotos). El mayor problema que podemos tener es que estén completamente capados y no nos permitan ampliarlos o ni siquiera modificarlos, como el iPhone. Para que se pueda sacarle todo el jugo a nuestro regalo (y podamos jugar más allá del día de Reyes) tenemos que fijarnos especialmente en que esté abierto y nos permita trastear.

La web Linux Devices ha elegido 10 regalos para un geek. Algunos de ellos ya los hemos visto aquí, otros están en la lista de cosas que revisar, y todavía otros son nuevas categorías a explorar. Vamos a verlos brevemente, prestando atención a lo abiertos que están para el cacharreo.

El primero es un reproductor de música con Linux, Sansa Connect. A través de este aparato, y sin necesidad de ordenador, nos podemos conectar a servicios online mediante wifi y descargar música. La página web del fabricante requiere Flash, y el cacharro en general está capadísimo. Unos $150 en USA.

Después tenemos un terminal de mensajería instantánea, el Zipit Wireless Messenger 2 (Z2). De nuevo la página oficial requiere Flash. ¿Se puede "juaquear", del verbo hack, es decir: modificar más allá de los deseos del fabricante? La respuesta en este caso es: quizás. El modelo anterior, el Z1, ha sido bastante popular y ha dado bastante juego. Parece que el inventor original, un tal Ralph Heredia, promete soporte a la comunidad linuxera; pero por ahora su prioridad está en los niñatos yanquis. Y cuesta otros $150 en USA.

A continuación el clásico radio-reloj despertador, pero con Linux: el Chumby. Parece que es muy abierto: se puede usar como marco digital, radio-reloj, o hasta como altavoces para un iPod. Y la página oficial, gracias a dios, no requiere Flash. Sin embargo nos costará un poco más, $180 en USA.

¿Echábais de menos algún teléfono móvil ? Ahora viene el primero, un MotoRokr Z6 de Motorola: es su primer terminal con Linux en Estados Unidos. Capado como cualquier móvil, pero puedes ejecutar programas Java. Por $275 en USA, y en España por 260 €.

¿"Capado como cualquier móvil"? Ahora os presentamos un teléfono móvil completamente libre. El OpenMoko Neo 1973 estará pronto a la venta, y ahora mismo puedes comprar una versión preview. Completamente abierto y programable; si además te pillas el kit del desarrollador, podrás incluso trastear con el hardware. Por $300 o $450 mientras les dure la versión de evaluación.

Este ultraportátil lo hemos visto ya en La Era Pervasiva: un Asus Eee. Este portátil de menos de 1 kg está completamente abierto, aunque puede que no por mucho tiempo. Por $300 si es que encuentras dónde comprarlo.

Ahora viene la tableta de internet de Nokia, la N810. Esta versión mejorada trae un teclado completo, radio FM, receptor GPS y es más rápida que la anterior N800. El regalo de ensueño para todo geek; incluye la plataforma abierta Maëmo. Unos $380 en USA (según LD; más bien son $450), y precio por determinar en España.

Otro ultraportátil, nuestro viejo amigo el OLPC, ocupa el siguiente puesto. También es muy goloso: trae cámara integrada, red interconectada por mesh y un interfaz novedoso. Sólo disponible en USA: por la promoción da uno, recibe uno sueltas $380 para conseguirlo, y los fabricantes prometen regalar otro a un niño necesitado. No, tú no cuentas como "niño necesitado".

Y otro teléfono móvil, igualmente capado: el RAZR2 V8 de Motorola. Vuestro amigo León confiesa no ser muy aficionado a los móviles, así que no le veo mucha gracia a este cacharro cerrado por todas partes. Y menos si cuesta unos $500 (liberado).

Terminamos con un equipo de música digital, el Digital Music System de Sonos. Es otra idea original: un equipo de música con altavoces y un controlador (que es lo que realmente va con Linux), todo modular e inalámbrico y que podemos distribuir como queramos. Ni idea de si el controlador está abierto o cerrado, la verdad. Unos $1000 en USA según configuración; parece que está disponible en España, aunque sólo en sitios de gama alta.

Como mención honorífica, Linux Devices ha escogido un firewall USB: el Yoggie Pico. Es en realidad un ordenador Linux metido en una llave USB, que nos sirve para securizar nuestro Windows Vista. Poco juaqueable, pero es una idea muy curiosa, por $150.

Para más información podéis visitar el artículo original, que enlaza con los respectivos artículos de Linux Devices con más información. Todo por elegir el regalo para vuestro amigo, amiga o pareja geek. Él o ella os lo agradecerán.

lunes, 12 de noviembre de 2007

El sistema operativo pervasivo

Seguro que ya os imagináis algo de esto que va a venir, pero en fin. Espero al menos no ser completamente previsible. El sistema operativo que posibilitará la informática pervasiva no es Linux. Al fin y al cabo Linux no es un sistema operativo; es sólo un kernel, alrededor del cual se pueden fabricar todo tipo de basuras. No, el sistema operativo que necesitamos se parecerá bastante a Debian.

¿Por qué no Linux?

El router Linksys WRT54GL es un producto bastante capaz en su categoría. Corre Linux, el firmware original se puede ampliar al gusto, y mucha gente está muy contenta con él. ¿Cuál es el problema? Aparte de que en realidad no es un "router ADSL" (no tiene entrada de teléfono: necesita una conexión Ethernet), el sistema operativo que trae está basado en Busybox; y varias versiones custom del firmware (por ejemplo OpenWrt) están basadas en lo mismo.

Se trata de una versión del kernel Linux que añade varios comandos de Unix, en un entorno minimalista. No trae ni Bash ni cualquier tipo de comando que se salga de lo estrictamente básico. Vuestro amigo León compró uno hace tiempo, y se emocionó cuando vio que el bicho de apariencia tonta ejecutaba un ls y sacaba el contenido del directorio. Pero tras varios días, poco más podía hacer el cacharro. Sí, seguramente aguantaría un tráfico P2P masivo, pero para eso no hace falta un cacharro nuevo; a menudo basta con actualizar el firmware de tu router tradicional. Mi viejo 3Com OfficeConnect 11g va ahora bastante bien. (Además puede que mi unidad estuviera defectuosa, porque al poco rato de uso se colgaba; no investigué más después de la desilusión.)

No, para ser realmente útil no basta con poder cargarle un firmware extendido. Necesitamos un entorno Unix completo. O Windows, o Mac OS X, o lo que sea; pero en una era de aplicaciones web pervasivas, a menudo nos podremos manejar sin entorno gráfico. Pero sí tendremos que poder cargar todos los programas que necesitemos, desde un servidor web hasta reproductores de música. O ¿podemos pensar que un aparato que ni siquiera nos permite almacenar ficheros o usar un editor más avanzado que nano va a ser pervasivo?

Esto significa una distribución de software libre con todas las piezas bien integradas. Los requisitos de almacenamiento se vuelven un poco más puñeteros: ya no nos va a bastar con 8 MB de memoria flash. Y puede que el procesador se nos quede pequeño (aunque de esto hablaremos más adelante). Pero los beneficios son enormes.

¿Necesitamos de verdad software libre?

Cualquier poseedor de aunque sea un triste WRT54GL sabrá que el firmware hecho y distribuido por los usuarios le da 100 vueltas al que trae de fábrica. Esta flexibilidad la posibilita el tener el código fuente, poder mejorarlo y distribuirlo. Y éstos son los atributos básicos del software libre.

Sin el código fuente del programa es casi imposible tomar el programa original y modificarlo a nuestro gusto (o al menos el trabajo se vuelve 10 veces más difícil). Es posible que la mayoría de nosotros no sepa programar; de ahí que la libertad de distribución sea esencial, para que los que sepan pongan su trabajo a disposición de los demás.

¿Por qué una distribución?

Las distribuciones de software libre en general, y Debian en particular, han conseguido lo que parecía imposible: montar un sistema operativo completo, con piezas aleatorias bajadas de internet, y además poblarlo con la mayor variedad de programas imaginable. Ríete tú de las colecciones de shareware que se encuentran en internet, o de las suites de software propietario. Debian tiene todo eso, y mucho más, y además todo software libre. Varios entornos de escritorio, tipos de letra, infinitas librerías, cientos de juegos, programas para todos los usos imaginables. 18733 paquetes a día de hoy. Todo libre y gratis.

Pero lo mejor no es eso. Todo el software cumple unos estándares de calidad impecables, y además tiene un soporte de seguridad de primera categoría. Y todo eso realizado por voluntarios, la mayoría en su tiempo libre (aunque algunos están en nómina de empresas interesadas en usarlo comercialmente). Es difícil pensar que algo así pueda existir y mantenerse, pero lo hace y muy bien.

Y ¿por qué Debian?

En este punto no lo tengo tan claro; podría bien ser un derivado de Debian, como Ubuntu: una selección de paquetes organizados para trabajar juntos. O incluso podría ser un derivado de Fedora, openSUSE, o cualquier otra distribución.

Sin embargo, ninguna de ellas tiene la amplitud de software de Debian, ni la integridad de sus repositorios. A veces Debian es un tanto talibánica en sus planteamientos, como en el caso de los conflictos con los textos con licencia GFDL. Sin embargo, la integración de semejante cantidad de software y los controles de calidad siguen siendo inmejorables.

Si tenemos que poder elegir cualquier colección de software para instalar en nuestros ordenadores y adaptarlos a nuestro uso será a través de una distribución, y Debian sigue siendo la distribución con quien medirse.

Por supuesto, necesitaremos a alguien que elija y configure el software. Aquí es donde los reempaquetadores como Ubuntu pueden añadir valor.