¿Por qué no Linux?


No, para ser realmente útil no basta con poder cargarle un firmware extendido. Necesitamos un entorno Unix completo. O Windows, o Mac OS X, o lo que sea; pero en una era de aplicaciones web pervasivas, a menudo nos podremos manejar sin entorno gráfico. Pero sí tendremos que poder cargar todos los programas que necesitemos, desde un servidor web hasta reproductores de música. O ¿podemos pensar que un aparato que ni siquiera nos permite almacenar ficheros o usar un editor más avanzado que nano va a ser pervasivo?
Esto significa una distribución de software libre con todas las piezas bien integradas. Los requisitos de almacenamiento se vuelven un poco más puñeteros: ya no nos va a bastar con 8 MB de memoria flash. Y puede que el procesador se nos quede pequeño (aunque de esto hablaremos más adelante). Pero los beneficios son enormes.
¿Necesitamos de verdad software libre?
Cualquier poseedor de aunque sea un triste WRT54GL sabrá que el firmware hecho y distribuido por los usuarios le da 100 vueltas al que trae de fábrica. Esta flexibilidad la posibilita el tener el código fuente, poder mejorarlo y distribuirlo. Y éstos son los atributos básicos del software libre.
Sin el código fuente del programa es casi imposible tomar el programa original y modificarlo a nuestro gusto (o al menos el trabajo se vuelve 10 veces más difícil). Es posible que la mayoría de nosotros no sepa programar; de ahí que la libertad de distribución sea esencial, para que los que sepan pongan su trabajo a disposición de los demás.
¿Por qué una distribución?
Las distribuciones de software libre en general, y Debian en particular, han conseguido lo que parecía imposible: montar un sistema operativo completo, con piezas aleatorias bajadas de internet, y además poblarlo con la mayor variedad de programas imaginable. Ríete tú de las colecciones de shareware que se encuentran en internet, o de las suites de software propietario. Debian tiene todo eso, y mucho más, y además todo software libre. Varios entornos de escritorio, tipos de letra, infinitas librerías, cientos de juegos, programas para todos los usos imaginables. 18733 paquetes a día de hoy. Todo libre y gratis.
Pero lo mejor no es eso. Todo el software cumple unos estándares de calidad impecables, y además tiene un soporte de seguridad de primera categoría. Y todo eso realizado por voluntarios, la mayoría en su tiempo libre (aunque algunos están en nómina de empresas interesadas en usarlo comercialmente). Es difícil pensar que algo así pueda existir y mantenerse, pero lo hace y muy bien.
Y ¿por qué Debian?

Sin embargo, ninguna de ellas tiene la amplitud de software de Debian, ni la integridad de sus repositorios. A veces Debian es un tanto talibánica en sus planteamientos, como en el caso de los conflictos con los textos con licencia GFDL. Sin embargo, la integración de semejante cantidad de software y los controles de calidad siguen siendo inmejorables.
Si tenemos que poder elegir cualquier colección de software para instalar en nuestros ordenadores y adaptarlos a nuestro uso será a través de una distribución, y Debian sigue siendo la distribución con quien medirse.
Por supuesto, necesitaremos a alguien que elija y configure el software. Aquí es donde los reempaquetadores como Ubuntu pueden añadir valor.
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